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Principales Desafíos para invertir en África

Invest in Africa

Invertir en África es diferente a invertir en cualquier otro lugar del mundo. Conocer la cultura africana, contactar con agentes locales y realizar acuerdos comerciales desde la humildad, son las principales claves para invertir en África. Este continente, que engloba 55 países con diferentes culturas e idiomas, se ha convertido en uno de los focos de negocio para muchas empresas europeas. Pero todavía existe un desconocimiento generalizado a la hora de impulsar un negocio en el continente africano.

El mayor desafío para encontrar los mejores lugares para invertir en África es la información fiable. Si bien los índices que rastrean la libertad económica son útiles, no siempre cuentan toda la historia. Un joven empresario que está iniciando un negocio en el terreno puede no lidiar con los mismos problemas de corrupción con los que se enfrentará una empresa multinacional. Si se enfoca solo en los datos a expensas de la experiencia del mundo real, no llegará muy lejos.

Las empresas europeas deben atravesar varias fases antes de penetrar en África. La primera, analizar el país en donde van a realizar el proyecto. La segunda, buscar distribuidores dentro del territorio y la tercera, contactar con agentes locales que comprendan el sector de la empresa.

Otra de las claves para invertir en África: comprender las operaciones de las empresas y su riesgo. “Existe un problema de comprensión del riesgo africano, que es bien distinto al europeo. Los bancos africanos miran más las operaciones que el balance de la sociedad, y eso en Europa no se entiende”. Cada vez cobra mayor importancia la necesidad de generar valor añadido en África, pero sobre todo, “de ser humildes y no pensar que somos la máxima potencia, porque entonces, nos verán como colonizadores que quieren dar el pelotazo”.

África es una oportunidad para Europa. Es un mercado virgen a desarrollar y gracias a la tecnología, su evolución va a ser mucho más rápida.  Otro aspecto importante a la hora de valorar el riesgo es el progreso del continente, sobre todo “en las grandes ciudades donde empieza a haber internet”. Un ejemplo de ello es Marruecos, que está avanzando en esta línea. O también Kenia, que el 30% del pago de facturas se realizan a través del teléfono móvil.

Las conclusiones para África son de todo menos evidentes y difíciles de mantener teniendo en cuenta el potencial y al mismo tiempo la dependencia de esta región de los mercados globales.
Las herencias del pasado en algunos países, aun lastran un crecimiento que aunque real, es frágil pues no genera suficiente puestos de trabajo en una población esencialmente joven, las más joven del total de las naciones. Ese crecimiento exige un mejor enfoque a futuro. Un número de países africanos sin embargo ha despegado con políticas más coherentes tendentes a una mayor liberalización de sus economías, con instituciones más sólidas y una mejor gobernanza. Retos como diversificación de la economía, mayor proceso de manufacturación, participar más de las cadenas globales de valor, superar paulatinamente el déficit crónico de infraestructuras físicas, principalmente en el sector energético con una mayor dotación de financiación y más innovadora son los retos a los que África debe aspirar.
Todo ello además, con el fin de amortiguar lo cíclico de los comportamientos económico mundiales, cuando los mismos vienen adversos. Es preciso darle alas y espacios a esa enorme población joven africana con un tremendo potencial y que reclama un mejor futuro y una mejor salida a sus aspiraciones. Pero es África por si misma quien debe contribuir a que ello suceda.

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